dissabte, 30 d’abril de 2011

Con la comida no se juega


Marina Abramovic: Volano Flambé
Póngase una bata blanca de laboratorio, ajústese los auriculares y escuche una voz que le pide que cierre los ojos y respire. ¿Un experimento científico? En realidad se trata de un postre de 20 dólares en Park Avenue Winter, en Nueva York, y es obra de la artista de performance Marina Abramoviv. una montaña flambeada de helado de chocolate negro y bizcocho de almendras cubierto con merengue suizo y pan de oro, que fue servido recientemente con un reproductor MP3 en el que la suave voz de Abramovic conduce a los comentasel a través de los aspectos mentales y sensoriales del Volcán Flambeado.
Antes se le solía llamar cena. Pero ahora este acto social se ha convertido en un juego o ardid. Y más vale que saque una entrada o se perderá el último espectáculo culinario en Chicago. La puja por las entradas para el restaurante del Grant Achatz, Next, alcanzó recientemente 3.000 dólares por unos cuantos asientos. El precio de las entradas con todo incluido oscila entre los 45 y los 75 dólares, pero las disputas para conseguirlas por parte de los desesperados comensales ha elevado los precios hasta los 500 dólares o más, según The Times.
En el lado opuesto del espectro tenemos otra locura: conseguir el mejor descuento para una comida. Una nueva generación de cazadores de gangas está imponiéndose en als ofertas para cenar a través de sitios como Groupon, BlackboardEats y VillageVines.
"Supongo que la mayorái de los que están en el restaurante no tienen vales y me gusta eso de ser un poco más listo que ellos"m duce a The Times Lauren E. La-Russo, de Pensilvania.
En esta "fiebre del oro por los vales sociales", Groupon, que dice contar con 60 millones de suscriptores, acaba de incorporar Groupon Now, una aplicación con descuentos locales que tienen una duración determinada para que los restaurantes puedan llenar las mesas cuando hay menos afluencia de público.
Hay que darse prisa si uno quiere su botella favorita de vino a precio de ganga. Los sitios de venta de vino como WineAccess i Wines Til Sold Out han surgido como hongos en los últimos años, ofreciendo cantidades limitadas de vinos con descuentos de vértigo que duran solo un día o dos. Es una carrera para conseguir un Château Angelus de 2006 por casi 100 dólares por debajo del precio original, de 250 dólares.
"A veces hay que responder en 15 minutos para conseguir una auténtica ganga", dice a The Times Jim Barnyak, de Settle, usuario de estas páginas.
Y si eso es ir demasiado rápido, tal vez una sesión de yoga seguida de una cena sea mejor para "degustar, oler y digerir en un estado elevado de conciencia". En Yoga for Foodies, en el Exhale Spa de Manhattan, al yoga le siguen la pasta, el vino y el chocolate.
Los centros de retiros de yoga ahora ofrecen clases de cocina y catas de vino donde los yoguis observan la impresionante importancia de cada mordisco que ingieren, explica The Times.
Al parecer, algunas personas aprecian tanto el tocino que están dispuestas a ponérselo encima. Fargginay, una empresa de Chicago, ha lanzado unan colonia con olor a tocino. Los amantes de la carne de cerdo pueden elegir entre Bacon Classic (arce picante) o Bacon Gold (cítrico ácido).
Cameron Alborzian, un yogui que ha escrito un nuevo libro sobre la dieta ayurdévica, cuenta a The Times que "la comida ahora se ha convertido en una carga para nosotros. A mucha gente ya no le importa la vida. Solo le importa comer. Algunas personas me dicen que adoran la comida. Y yo les respondo que no pueden amar algo que les posee."

Texto extraído de EL PAÍS: Con la comida no se juega, de Anita Patil, THE NEW YORK TIMES, EL PAÍS, 28 de abril de 2011, página 1.

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